MADRE E HIJA UNIDAS POR LA MÚSICA

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Historias por contar
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En el mes de las madres y los maestros reconocemos su labor como pilares fundamentales en la formación de seres humanos íntegros y responsables.

 

Dicen que la familia es el primer entorno protector del ser humano, también que los gustos y talentos son heredados y que es en el hogar en donde con amor, comprensión y respeto se forman las mejores personas. Por eso, nuestra historia por contar es una de las tantas que se tejen al interior de la Red de Escuelas de Música de Medellín y que nos demuestra porqué este programa lleva 20 años formando ciudadanía a través de la música.

 

Hay algunas mamás que comparten momentos con sus hijas jugando a las muñecas, otras que atesoran sus grandes recuerdos cuando cocinan juntas, cuando duermen o cuando deciden irse de compras; pero hay otras que comparten aventuras acompañadas de Música.

Así pasa con Natalia y Luisa. Ambas pertenecen a la Red de Escuelas de Música de Medellín y aunque se encuentran en escuelas diferentes, en casa siempre tienen la oportunidad de aprender la una de la otra. Natalia es una madre que creció con el arte, ella ingresó junto con sus hermanos a la Red en 1998, su familia es considerada pionera y fundadora del programa y en la actualidad es la Directora de la Escuela de Música Montercalo, aunque dice que su formación no tienen nada que ver en la decisión de su hija Luisa para practicar el violín, la niña de 12 años asegura que su mamá es su gran ejemplo a seguir.

 

Ellas encontraron en la música un lenguaje que no solo las identifica como familia, si no que las une en armonía como madre e hija.

 

Natalia María Rojas Gallego, es fagotista y Licenciada en Educación con énfasis en Música de la Universidad de Antioquia. Comenzó su proceso en la Escuela de Música Las Granjas, que ahora es Montecarlo y recuerda con alegría su último concierto de temporada.

 

“Egresé en 2008, exactamente 10 años después de haber conocido la Red de Escuelas. Fue un momento muy alegre, sobre todo porque no me iba definitivamente, puesto que desde 2004 ya era Directora de una de las 27 escuelas”

Su pasión por la música fue como un virus que se regó en toda su familia. Sus 5 hermanos menores también ingresaron en 1998 y se han dedicado a las cuerdas frotadas, herencia que Luisa, su hija mayor ha querido cultivar.

“Luisa, es violinista en la Escuela de Música Las Nieves, en donde también estudiaron mis hermanos. Aún no sé si se dedicará completamente a la música, sí creo que la vena artística la hecho una niña diferente a las demás, por su sensibilidad” dijo Natalia.

 

Ser madre, maestra y música, debe ser una combinación exitosa cuando se trata de educar en valores a los hijos, pero Natalia piensa que más que eso es un reto para superar teniendo en cuenta el contexto social y digital en el que están inmersos los niños y niñas en la actualidad.

 

La Directora de la Escuela de Música Montercalo, es hija de Bernardo, un maestro que sin pensarlo influyó en lo que sería la profesión de Natalia. “Comencé a estudiar una licenciatura por un descubrimiento. Desde que era estudiante me inclinaba por ayudarle a mis compañeros cuando practicaban sus instrumentos. Armaba grupos de estudio y siempre buscaba como colaborarles. Empecé a sentir que la docencia también era una forma de disfrutar la música y me perfilé en esto como proyecto de vida”

 

Ella asegura no arrepentirse, pero aunque algunos no lo puedan creer, Natalia también se sintió tocada en algún momento por los números y sus características de líder casi la vuelven administradora de empresas. Una profesión que de alguna manera ejerce como Directora.

 

Natalia ha crecido con la música y sabe de primera mano cómo es fomentar a través de entornos protectores un aprendizaje musical que sirva para la vida. Aunque no es consciente de la influencia que tuvo en su hija, sabe que también ha ido eligiendo la música como compañera de vida.

 

Luisa Natalia Valencia Rojas, ingresó a la Red cuando tenía 6 años. Disfruta las clases de coro como ninguna otra y ve en su mamá un lechado de virtudes como persona y como música.

 

“El canto me ayuda a proyectar lo que siento por medio de la voz, me llena de energía y fortaleza. Aunque no se compara con el sentimiento que tengo por el violín, pero ambas expresiones me permiten exteriorizar lo que soy. Creo que de eso se trata la música” dijo Luisa.

 

Luisa ingresó este año a la Orquesta Sinfónica Inicial, una de las 11 agrupaciones integradas del programa, porque piensa que es hora de trabajarle más a su instrumento y asegura que tiene todavía muchos años para aprender de la Red.

 

“Mi mamá y mi familia han dejado un legado. Es un reto estar al nivel de ellos, porque todos saben quiénes son y todos esperan lo mejor de mí. Por eso me cambié del coro a la Orquesta, espero mejorar día tras día”, aseguró Luisa.

 

Natalia dice que los tiempos han cambiado mucho y relata que cuando ella comenzó su proceso, “la Red era el refugio. Un espacio para ser yo y con el respaldo suficiente para sentirme protegida. La música era una excusa para reunirnos, para compartir, en esencial, para todo”

 

Y sí, ya no es 1998, pero en Medellín se sigue trabajando para generar espacios en donde los niños, niñas y jóvenes entiendan la importancia de trabajar en lo colectivo para apostarle a la paz a través del arte y la cultura.

 

La música sigue siendo la excusa, y en el caso de Luisa una oportunidad para conocer mundos diferentes. Ella dice que ha pensado en estudiar astronomía, pero su primera opción es continuar en la Red y perfilarse como música profesional.

 

“La Red es mi vida, pensar en este programa me llena de alegría. He conseguido en mi Escuela mis mejores amigas y un aprendizaje para la vida”

Por: Daniela Cortés Jaramillo

Periodista