MI PAPÁ, EL MÚSICO Y MAESTRO

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Historias por contar
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Junio es el mes del padre y por eso es la excusa perfecta para presentar una de las muchas historias que saltan a la vista desde la cotidianidad de la Red y que valen la pena contar; vidas que se entrelazan gracias al arte y que conforman lo que nosotros llamamos ciudadanía cultural.

 

María José y Nicolás son estudiantes de la Escuela de Música Villa Hermosa y para ellos la escuela es más que su segundo hogar, no solo porque han construido grandes lazos de amistad con sus compañeros, sino porque, además su padre, es el Director de esta sede de la Red. David Santiago Alzate, lleva 18 años como Artista Formador de este programa de ciudad y son muchas las historias que él podría contar de cada generación que ha visto egresar de la Red, pero sin duda, la que más lo conmueve es la de sus hijos.

 

Un padre puede dejar muchos legados y enseñar diversas cosas sobre la vida, pero a María José y Nicolás, su papá les ha compartido una pasión transformadora y sensible: el amor por la música.

Junio es el mes del padre y por eso es la excusa perfecta para presentar una de las muchas historias que saltan a la vista desde la cotidianidad de la Red y que valen la pena contar; vidas que se entrelazan gracias al arte y que conforman lo que nosotros llamamos ciudadanía cultural.

 

María José y Nicolás son estudiantes de la Escuela de Música Villa Hermosa y para ellos la escuela es más que su segundo hogar, no solo porque han construido grandes lazos de amistad con sus compañeros, sino porque, además su padre, es el Director de esta sede de la Red. David Santiago Alzate, lleva 18 años como Artista Formador de este programa de ciudad y son muchas las historias que él podría contar de cada generación que ha visto egresar de la Red, pero sin duda, la que más lo conmueve es la de sus hijos.

 

Un padre puede dejar muchos legados y enseñar diversas cosas sobre la vida, pero a María José y Nicolás, su papá les ha compartido una pasión transformadora y sensible: el amor por la música.

 

Desde muy joven David Santiago quiso dedicarse a la música y aunque no descarta que sus hijos algún día tomen el camino profesional en este oficio, él siempre les aconseja que disfruten al máximo los sentimientos e ideas que llegan a sus vidas a través del arte.

 

“Me gusta que estén en la Escuela, pero no exactamente porque esté interesado en que sean músicos. Yo lo veo como uno de los tantos padres de familia que traen sus hijos a la Red, es decir, como una oportunidad para que desarrollen habilidades sociales a través de la música” dijo David.

 

El chelista y ahora guitarrista es un apasionado de este programa de ciudad y ha visto por casi dos décadas pasar generaciones de músicos aficionados que con los años han contribuido a la transformación de los diferentes barrios en Medellín en donde la Red tiene presencia territorial.

 

Como ellos, él espera que sus hijos fomenten esos aprendizajes en otras instancias como el colegio y la familia.

 

Nicolás tiene 16 años y está en noveno grado y María José va en séptimo grado y tiene 13 años. Entre risas, el mayor menciona que “ambos estudiamos en la Normal Superiora, allí no somos tan amigos. Pero cuando llegamos a la Escuela todo cambia, es como llegar a casa”

 

La pequeña de la familia Alzate Aguirre es más tímida que su hermano, no bromea tanto como su papá, pero sí tiene el talento de David para interpretar el contrabajo.

 

“En verdad me apasiona este instrumento. Es más versátil, no es tan agudo como el violín, ni tanto soso como el contrabajo”, relató María José.

 

En las historias por contar, siempre sale en evidencia que el instrumento es quien escoge muchas veces al músico, pero también que es él mismo quién se encarga de darle vida a ese objeto sonoro.

 

Nicolás sintió el llamado por el contrabajo, el más grande de la familia de cuerdas frotadas y con el cual, este joven se siente plenamente identificado. “El bajo es imponente y siempre hará falta en una buena orquesta, sin importar el género, este instrumento es bien recibido”.

 

Desde hace 20 años, la Red de Escuelas de Música de Medellín tiene el propósito de tocar almas a través de este arte, pero sobretodo le apuesta a la formación de ciudadanía cultural, es decir, una comunidad fortalecida en donde convergen individuos en nuevos y diferentes escenarios.

 

David Santiago afirma que aprendió de la docencia que la música no tiene que ser rígida, que debe hacer vibrar a quién interpreta un instrumento como al público que escucha. “Cuando estaba en la universidad participé en varias orquestas, pero todas me hacían sentir tensionado y no precisamente por el nivel de exigencia, si no por el ambiente, y por eso, busco que los chicos y chicas sientan en los ensayos que se puede pasar bueno”

 

Al respecto, Nicolás asegura que su papá le ha hecho ver la música de otra forma:

 

“Mi papá es muy gracioso. Es estricto cuando está dirigiendo la orquesta, pero siempre nos dice a todos sus alumnos, que la música hay que vivirla, disfrutarla y amarla”

Por: Daniela Cortés Jaramillo

Periodista